Durante los 34 años que lleva fumando, Carolyn Smeaton ha intentado innumerables veces reducir su hábito de fumar tres cajetillas diarias. Los métodos que ha utilizado incluyen parches de nicotina, chicles de nicotina y hasta medicina especial con prescripción para dejar de fumar. Sin embargo, nada le ha funcionado.
Fue entonces, cuando vió un infomercial en la televisión de su casa, que Carolyn decidió probar los cigarrillos electrónicos. El infomercial prometía una opción menos peligrosa para satisfacer su adicción. El aparato de pilas que compró en internet le proporcionaba una dosis de nicotina libre de perfume pero con saborizante. Lo más importante: sin los aditivos y residuos de los cigarrillos regulares de tabaco. Además también emitía una nube blanquecina de vapor casi idéntica al humo del tabaco.
Siento que esto puede salvarme la vida,” afirma Carolyn Smeaton, de 47 años, que ha podido reducir su adicción a un paquete y medio de cigarros complementado con su e-cigarrette.
El hecho de que los cigarrillos electrónicos no estén aprobados por el gobierno norteamericano y que además no hay ningún estudio que mide sus consecuencias ni beneficios reales para dejar de fumar no ha detenido a miles de fumadores para comprarlos. Y es que además resultan muy convenientes pues no producen humo y pueden ser utilizados dentro de oficinas, restaurantes y aeropuertos. Incluso un distribuidor hábilmente utiliza el nombre de “Smoking Everywhere” (tr. Fumando en todos lados)

